TRES AÑOS.- Felipe Calderón llega al tercer año de su gobierno con alcances cortos, por más que intente lanzar reformas que más parecen intentos de hacer creer en la vitalidad de sus propósitos y de su empuje personal. Varios indicadores prueban esta afirmación. No obstante el crecimiento en el gasto social para abatir la pobreza creció el número de personas en la indigencia. Se incrementaron también las dificultades fiscales, al punto de que se practicaron recortes en el presupuesto 2009 y el paquete referido al año próximo tuvo como principal propósito remediar el descomunal faltante de 300,000 millones de pesos, la décima parte del presupuesto de egresos de la Federación. Esa deficiencia obedeció a imprevisiones y mal diagnóstico de la crisis, que debió ser corregido una y otra vez, cada vez en circunstancias más apremiantes. En cuanto a la alianzas el vínculo que Calderón ha mantenido sin mengua, con Elba Esther Gordillo, ha significado no sólo la entrega de ínsulas de la administración y la aceptación de coaliciones electorales sujetas a la veleidad de la presidenta del sindicato magisterial, sino rezagos insalvables en una materia que debía ser impulsada sin lastres por el gobierno, como es la educación. La Alianza para la calidad educativa comenzó siendo un error, porque imprimió carácter de política pública a un documento referido a condiciones laborales, y va siendo cada vez más sólo un parapeto que esconde la permanencia de privilegios no a los maestros sino a su cúpula. La imprescindible alianza del Presidente con el PRI sufre vaivenes y genera costos que el Ejecutivo está obligado a pagar. Le ha permitido salir avante con los presupuestos cada año, pero ese logro no ha estado exento de penalidades políticas. La Cámara de Diputados, bajo el dominio priista, modificó sólo el 3 por ciento -menos de 100 mil millones de pesos de un total de más de 3 billones de pesos-, lo que implica que el proyecto de gasto preparado en Los Pinos estará vigente en sus líneas torales. Pero antes significó al gobierno la derrota de su principal pieza recaudatoria, la contribución al combate a la pobreza, que se presentó con mucho ruido y no produjo nuez alguna, porque el PRI la rechazó. Igualmente fue ese partido el que denunció la intromisión de la Presidencia en funciones legislativas al emitir el reglamento para el otorgamiento, refrendo y revocación de concesiones en radio y televisión, que la Suprema Corte declaró inconstitucional. Ese extraño aliado con el que tiene que colaborar el gobierno -y cuyo vínculo le permitió en este primer trienio reformas al régimen de pensiones del personal público- lo frenó en el intento de eliminar tres secretarías de Estado, emprendido por el gobierno como una medida cosmética ante la exigencia generalizada de instaurar la austeridad en la administración y la política. Si el Premio Nobel se entregara en materia de seguridad pública y su recipiendario viniera a México, seguramente descalificaría la política de Calderón en esa materia, fracasada por dondequiera que se la vea. Los miles de muertos en los tres años recientes no han sido causados por el combate gubernamental a las bandas del narcotráfico, porque la mayor parte de ellos resultan de querellas armadas entre ellas. Pero el gobierno ha sido incapaz de desmantelar la capacidad de fuego de las mafias y de obturar sus fuentes de financiamiento, así como de contenerlas con sanciones efectivas. Los miles de capturas de maleantes de que se ufana el gobierno no se traducen ni en sentencias que castiguen la delincuencia ni en disminución de sus efectos. Frente a la gente común, el déficit principal del gobierno al cumplir tres años ha sido no sólo el incumplimiento de promesas de campaña sino su incapacidad para dar aliento a la sociedad, en la que cunden el desánimo, la desesperanza y el temor. (Miguel Ángel Granados Chapa, Reforma, 01-12-09)
